domingo, 30 de noviembre de 2008

Seamos serios...


















Me llama la atención el artículo aparecido hoy en el suplemento Negocios de El País: Aprenda jugando y esquive el paro, se llama.

Resulta ser un análisis somero de dos tendencias en tiempo de crisis: por un lado, las organizaciones recortan sus presupuestos de formación y hacen más hincapié en el e-learning (que reduce costes), y por otro los trabajadores aumentan el gasto en cursos para evitar el despido o salir del desempleo. Todo bastante lógico y con un par de cuestiones que tal vez trate en otra entrada, pero mi primera reflexión es sobre el encabezado.

Entiendo que el título está puesto para atraer al ojo del lector, pero teniendo en cuenta que en el cuerpo del texto no se hace ni media mención al aspecto más lúdico que pueda tener el e-learning, no le veo mucho sentido. Y sin ese matiz, encuentro un tanto exasperante esa identificación entre aprender a través del ordenador y el juego. Si hablásemos de formación a través de videojuegos (una de las múltiples posibilidades que se desarrollan en eso que se da en llamar u-learning o aprendizaje ubicuo, y que sin duda es la tendencia que viene) o de formación presencial lúdica tipo serious play, todavía tendría un pase. Pero ese titular refleja una de esas ideas preconcebidas que, me da la sensación, no están basadas simplemente en el desconocimiento, sino que residen también en la cabeza de muchos responsables de cursos online. La mayoría de las plataformas rebosan de botoncitos llamativos, mascotas sonrientes y autoevaluaciones planteadas en forma de sopa de letras.

Con lo bien que queda un interfaz limpio, un uso intensivo de las posibilidades multimedia que no se limite a leer y apretar botones, y en general un diseño que no parezca pensada para escolares de Primaria... ¿por qué alimentamos la creencia de que "aprender con el ordenador es como jugar"? Aprender "con el ordenador" puede ser más fácil, más completo o tener más posibilidades en ciertos casos -y menos en otros-, y desde luego puede ser divertido, pero no más que otros tipos de formación.

Yo puedo hacer chistes, organizar juegos y montar pasatiempos cuando doy un curso presencial, pero no por eso defiendo que enseño jugando. Enseño con los métodos que más se ajustan a cada caso, que es exactamente lo que ocurre con cualquier acción formativa bien hecha, sea e-learning o no. Tendré que investigar si Moodle tiene alguna plantilla con motivos fúnebres, para compensar.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¡Quiero ser formador (en lugar del formador)!


Si esta idea ronda tu cabeza, antes de nada valora qué es lo que te llama de este campo. La formación empresarial o in company no es el chollo por el que suele tomarse, así que si tu única motivación es trabajar poco y ganar mucho te recomiendo otras opciones (la Quiniela, por ejemplo).
Si por el contrario sabes, o al menos intuyes, que es un sector que requiere esfuerzo y dedicación, entiendo que además del económico te impulsa alguno de estos factores:

- Te gusta la educación de personas adultas, y te entusiasmas ante una audiencia.
- Eres bueno transmitiendo conocimientos e ideas, y como siempre que se nos da bien algo, estás deseando utilizarlo.
- Has recibido uno o varios cursos y la labor del formador ha sido tan buena que estás deseando ser como él :)
- Tienes un montón de know-how, conocimientos punteros, experiencia valiosa o ideas innovadoras que estás deseando transmitir.

Todos son buenos motivos, y cuantos más de ellos acumules mejores perspectivas tendrás. Una acción formativa, sea de lo que sea, requiere que te guste lo que haces, que conozcas en profundidad el tema y, por supuesto, que sepas moverte en una clase. Y la buena noticia es que, excepto por lo de ser un experto en el campo, el resto se entrena con cierta facilidad.

Independientemente de tu formación y experiencia, seguramente hay un área de conocimiento en la que te mueves con soltura; procura partir de ahí, e investiga cómo puede aplicarse a la formación empresarial. En algunos casos es más obvio (software específico, management, PRL, marketing y ventas...), pero en otros tendrás que buscar una nueva perspectiva. Un buen modo de hacerlo es partiendo de la oferta formativa que ya existe: en los catálogos de la multitud de consultoras que han surgido a la sombra de la formación subvencionada tienes decenas de cursos sobre temas de lo más variado, entre los que encontrarás alguno que se aproxime a tu campo.
Si además acudes a portales de empleo, verás que todos los días hay ofertas que reclaman profesionales para impartir materias de todo pelaje, así que toma nota y repasa cuáles se aproximan a tus capacidades.

Y hablando de portales de empleo, precisamente te recomiendo que empieces tu carrera como formador por cuenta ajena, contratado por una consultora. Esto tiene dos ventajas fundamentales:

- Serán probablemente cursos de corta duración, con contenidos sencillos y un manual genérico de apoyo, lo que para empezar facilita las cosas. La calidad del manual es otro cantar, prepárate para elaborar el material que necesites prácticamente desde cero.
- La mayoría de consultoras no son muy quisquillosas con la selección de nuevos formadores externos, porque suelen tirar de ellos cuando les han fallado los habituales a última hora, o para cursos tan trillados que es difícil dar con una persona que no sea capaz de enfrentarse a ello. Tristemente, este no es un criterio que diga mucho en favor de la calidad de la formación, pero te vendrá de perlas para meterte en el mundillo. Con el beneficio adicional de que, si reúnes los requisitos de los que hablábamos al principio, destacarás con facilidad por encima del nivel medio.

Así pues, rastrea la red en busca de la oferta que te lanzará al estrellato, envía tu CV a las consultoras que encuentres (que serán muchas) y utiliza tu red de contactos para meter la cabeza en el mundillo. Es relativamente sencillo acabar dando con una oportunidad.

¿Tienes lo que hay que tener?

Un requisito que sí tendrá en cuenta invariablemente quien vaya a contratarte es que tengas experiencia docente. No son raros los ataques de miedo escénico en el último minuto que obligan a cancelar un curso porque el formador no sabía dónde se metía y no era capaz de aguantar la presión. Si de verdad te llama esta profesión y nunca has dado una clase, no te preocupes porque foguearse es relativamente fácil (o al menos lo es descubrir si vales o no), prácticamente todo vale para romper el cascarón, y puedes empezar inmediatamente:

- Habla con tu jefe en el trabajo para plantearle que seas tú quien enseñe a los nuevos a usar el software de la empresa, impartiendo sesiones teórico-prácticas.
- Ofrécete a reforzar la prevención de riesgos con una presentación aprobada por el servicio de PRL (en las oficinas suele repartirse un manual, hacer un test y hasta luego, cuando una simple charla con el proyector lleva el mismo tiempo y convierte un trámite en un aprendizaje real).
- Busca hueco para dar clases particulares por cuenta propia o en una academia.
- Sé profesor voluntario en una ONG.
- ...

Si además te haces un curso de formador ocupacional o de formador de formadores rizarás el rizo y te resultará mucho más fácil encarar la tarea, pero bajo ningún concepto vayas a dar un curso sin haber tenido unas cuantas experiencias previas de lo que es una acción formativa. Da el paso sólo cuando ya hayas comprobado que esto es lo tuyo, por tu bien y por el de la profesión: la formación de calidad es mucho más que impartir unos contenidos más o menos complejos, y un formador es mucho más que un experto en esos contenidos, como sabe cualquiera que haya pisado alguna vez una escuela.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Manteniendo la perspectiva


Cuando preparamos una acción formativa, tanto en lo que se refiere a contenidos como a estructura, dinámicas, materiales y demás, es posible que los árboles se hagan tan tupidos que terminemos por perder de vista el bosque. Cuidando las partes al detalle no es difícil caer en el error de convertir los medios en fines, y transformar un curso que debe servir para desarrollar unas habilidades en un montón de imágenes, ejercicios, debates y chascarrillos prácticamente independientes entre si.

Siempre que me enfrento a la tarea de planificar procuro recordarme constantemente cual es el objetivo fundamental que persigo. Demasiadas veces nos encontramos, como alumnos, con formadores competentes que nos hacen pasar un buen rato y nos transmiten conceptos interesantes, pero que mezclan contenidos, adaptan malamente actividades o recursos que sólo tocan el tema de interés tangencialmente (recordemos que tirar de lo conocido no tiene por qué ser malo, pero tiene sus riesgos) y, en definitiva, olvidan para qué están ahí.

Cada vez que definamos cómo vamos a plantear una formación y qué recursos vamos a poner en juego, no podemos dejar de preguntarnos si realmente ayudan a avanzar hacia los objetivos de aprendizaje que tenemos fijados. No utilicemos una dinámica divertida para rellenar simplemente porque llevamos demasiado tiempo hablando: ajustemos sus características a alguno de los conceptos clave que queremos transmitir. Y ante la duda de si realmente aporta algo, desechémosla en favor de otra más apropiada: nuestros alumnos no son tontos, y se darán perfecta cuenta del apaño que estamos haciendo, aunque tengan la amabilidad de no mostrarlo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Clases a domicilio... desde casa

Escuchando 5.0 en Radio Nacional me he enterado de la existencia de Webicampus.com, un portal que se dedica a ofrecer aulas virtuales para impartir clases online en tiempo real. Es decir, no es una plataforma de teleformación al uso, sino que se basa en la comunicación sincrónica (a través de texto, audio o vídeo) y permite a un profesor impartir sus lecciones a uno o varios alumnos a la vez sin necesidad de contar con un lugar físico donde reunirse. Quizá el mayor inconveniente para los alumnos es no tener garantías de que un profesor sea realmente competente en la materia que imparte (algo que podría solucionarse en buena parte con, por ejemplo, un sistema de votaciones tipo eBay), pero la idea es muy buena.

Esto viene a incidir en algo que ya he ido dejando caer en otras entradas: un e-learning de calidad debe contar con la interacción total de formador y alumnos mediante algo similar a esto para ser algo más que e-reading; e iremos viendo cómo la comunicación en tiempo real va ganandocada vez más peso en la formación a distancia.

Pero sobre todo es importante porque supone que el negocio de la formación en internet deja de ser patrimonio exclusivo de las empresas. Cualquier individuo con conocimientos puede montar su curso, marcando las tarifas y proporcionando los materiales que considere oportunos. No dará un título respaldado por una entidad más o menos fiable, pero para quien le de más valor al aprendizaje que al papel es una alternativa muy a tener en cuenta.

Os dejo el video promocional que tiene la empresa en Youtube:


*Actualización: Buscando más detalles he descubierto otros portales, como Myngle.com o Lingueo.com, con la misma filosofía pero centrados en el campo de los idiomas.
La ventaja de la especialización está clara: un portal que ofrece profesores de una disciplina concreta permite un mejor control de calidad (si soy el único que ofrece un curso de, pongamos, técnicas de toma de decisiones, no hay con quién compararme, pero si se trata de una plataforma de cursos para la mejora personal, de habilidades directivas o similar, tendré competencia (que es un buen estímulo para perfeccionarse) y mis alumnos un criterio comparativo que pronto hace destacar a los buenos docentes.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Edúcame, Obi-Wan Kenobi...

En Todo BI veo el futuro cercano de la formación a distancia. Ya había leído acerca de una experiencia similar (una conferencia holográfica del Príncipe de Gales), pero es la primera vez que lo veo si no contamos Star Wars:



No es que sea revolucionario (y a juzgar por la descripción seguro que es caro: varias decenas de cámaras recogiendo datos de la presentadora y enviándolos a otras tantas que generan la imagen en el lugar donde se proyecta el holograma), porque es como una videoconferencia a lo grande, pero es muy muy llamativo. Me seduce la idea de dar cursos presenciales desde casa, pero sobre todo creo que su aplicación a la formación online llenará un campo que el videocasting cubre a medias.

Impartir una clase virtual puede hacerse en, por ejemplo, Second Life... pero un avatar no es lo mismo que un profesor de verdad, con sus gestos y su actitud presentes. Si hace unos días hablaba de que el formador suele quedar en segundo plano en el e-learning tal y como suele entenderse, estas experiencias me reafirman en la idea de que se pueden hacer las cosas mejor, y que además la tecnología que tenemos y la que tendremos lo piden a gritos.

Actualización: un análisis en CBC indica que los hologramas no eran tales, sino tomogramas (superposiciones de la imagen en la pantalla). Vamos, como un efecto especial, no una proyección en el espacio. Aunque no invalida la conclusión que comentaba (seguimos teniendo la videoconferencia, después de todo), no deja de ser una lástima. Paciencia.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Podemos salir a tomar un café?

Todo es mucho más fácil cuando se compartimenta. La planificación de una sesión de formación tiene que ir en función de dos factores, que son el tiempo disponible y el número de participantes, pero en general podemos seguir algunas pautas casi universales que facilitan la distribución de las actividades y, sobre todo, la participación de los asistentes (o, al menos, que no se duerman...).

Como promedio, un grupo de alumnos mantendrá la capacidad de atención intacta durante periodos de 45 minutos a una hora. Dicho esto, es difícil prolongar ese tiempo, pero relativamente sencillo acortarlo mediante lecciones magistrales interminables, monologando en torno a una presentación, leyendo implacablemente un manual... Recursos estos a los que suelen recurrir quienes no han tenido tiempo o ganas para prepararse algo decente.

Pero incluso cuando es ese el caso (seguro que no soy el único que ha tirado de reservas en algún momento), podemos convertirlo en una experiencia positiva para los participantes si seguimos un par de pautas sencillas:

- Nunca hables durante más de quince minutos seguidos.

- Fomenta la participación: si tienes que explicar algún concepto complejo que requiere una buena conferencia, procura hacer pausas (recuerda la regla de los 15 minutos) para pedir la participación de los alumnos: que aporten experiencias ilustrativas del tema tratado, que razonen cuál será el siguiente paso...

- Un ejercicio práctico o una dinámica por cada media hora de teoría es un buen ratio. Más práctica es deseable, más teoría un tostón.

- Haz un descanso cada hora y media si es un curso con mucha carga teórica, o cada dos horas si es eminentemente práctico.

- Reserva al menos una hora de cada cinco para hablar sobre casos particulares que los participantes propongan, o para un debate.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Ejercicio: La intuición del líder

Esta práctica la vengo usando en las introducciones de cursos de Habilidades Directivas y Gestión de Equipos de nivel básico, y tiene un doble objetivo: por un lado, me da una idea bastante aproximada del nivel de competencia en gestión de personas que tienen los participantes en el curso; por otro, los propios alumnos perciben hasta qué punto les resulta fácil comprender los puntos fundamentales de la situación, y cómo de bien conocen las herramientas que tienen a su disposición.

El planteamiento es el siguiente:

Tiene en su equipo tres trabajadores de diferentes características y productividad. Como responsable de convertir a este grupo de personas en un Equipo de Alto Rendimiento, trate de determinar qué estrategia de liderazgo debe adoptar con cada uno de ellos.

Colaborador A: Joven, lleva poco tiempo en el sector, le falta experiencia y conocimientos.

Colaborador B: Mediana edad, años de experiencia, buenos resultados y buena actitud.

Colaborador C: Veterano también de mediana edad. Experto pero con resultados mejorables. Su actitud es poco adecuada, es posible que haya cierta desmotivación.


Como se puede ver son muy pocos datos, insuficientes para un diagnóstico preciso pero adecuados para una comprensión intuitiva de la situación y de las soluciones más inmediatas y obvias.

Para guiar por dónde deben ir las respuestas, incluyo algunas pautas de acción apropiadas para cada caso:

Colaborador A: El líder trabaja con él individualmente, haciendo que adquiera confianza a través de objetivos realistas, alcanzables, flexibles y desafiantes. La meta principal es el dominio en la ejecución de las tareas, tratando de que busque la mejora personal, y cifrando el éxito no en la competición, sino en los avances.

Colaborador B: La norma es darle autonomía: que fije sus propios objetivos, que busque el éxito en la competición con referentes externos al grupo y en el esfuerzo, limitar la injerencia en su labor y controlar únicamente la consecución de las metas...

Colaborador C: Lo esencial es que recupere la confianza, por lo que le daremos una especie de “libertad vigilada”: controlaremos el trabajo que realiza, pero negociando los objetivos sin imponerlos, buscando el éxito en la mejora y reforzando su autoestima recurriendo a él como experto.


¿Qué podemos sacar en claro?

- Este conocimiento muchas veces aparece como algo tácito, no consciente (es decir, el líder no lo pone en práctica de forma planificada, sino casi instintiva), y hacerlo consciente es el primer paso para tomar el control de la tarea del líder. Debemos trabajar sobre ello cuando alguien nos da la respuesta adecuada pero no es capaz de generalizar esa solución o de encontrar los motivos que subyacen.

- Uno nunca deja de sorprenderse de la cantidad de responsables de equipos que carecen de esta forma de conocimiento. Cultivar la intuición (que no es más que el reconocimiento rápido y entrenado de determinadas situaciones) y la puesta en práctica de soluciones estándar sobre las que trabajar es prioritario en estos casos.