lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Podemos salir a tomar un café?

Todo es mucho más fácil cuando se compartimenta. La planificación de una sesión de formación tiene que ir en función de dos factores, que son el tiempo disponible y el número de participantes, pero en general podemos seguir algunas pautas casi universales que facilitan la distribución de las actividades y, sobre todo, la participación de los asistentes (o, al menos, que no se duerman...).

Como promedio, un grupo de alumnos mantendrá la capacidad de atención intacta durante periodos de 45 minutos a una hora. Dicho esto, es difícil prolongar ese tiempo, pero relativamente sencillo acortarlo mediante lecciones magistrales interminables, monologando en torno a una presentación, leyendo implacablemente un manual... Recursos estos a los que suelen recurrir quienes no han tenido tiempo o ganas para prepararse algo decente.

Pero incluso cuando es ese el caso (seguro que no soy el único que ha tirado de reservas en algún momento), podemos convertirlo en una experiencia positiva para los participantes si seguimos un par de pautas sencillas:

- Nunca hables durante más de quince minutos seguidos.

- Fomenta la participación: si tienes que explicar algún concepto complejo que requiere una buena conferencia, procura hacer pausas (recuerda la regla de los 15 minutos) para pedir la participación de los alumnos: que aporten experiencias ilustrativas del tema tratado, que razonen cuál será el siguiente paso...

- Un ejercicio práctico o una dinámica por cada media hora de teoría es un buen ratio. Más práctica es deseable, más teoría un tostón.

- Haz un descanso cada hora y media si es un curso con mucha carga teórica, o cada dos horas si es eminentemente práctico.

- Reserva al menos una hora de cada cinco para hablar sobre casos particulares que los participantes propongan, o para un debate.

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